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Nota importante

Los elementos de esta sección (publicados por la Fundación Utopía Verde entre los años 1998 y 2013) están pendientes de revisión actualizadora: más información.

Barroco

Siglo XVII.

El Barroco comprende todo el siglo XVII. En la Península Ibérica se registraron varias crisis durante esa etapa: la demográfica, la del mundo rural, la de la industria, la económica, etc.; y a esto hay que añadir las revueltas sociales y la reacción de la nobleza.

La crisis demográfica fue consecuencia de diversas causas.

  • La emigración hacia América (que contribuyó a que disminuyera la población, pero no fue la causa fundamental).
  • La expulsión de los moriscos (sobre todo en la Corona de Aragón).
  • Las continuas guerras, tanto por la muerte de hombres jóvenes, como por los efectos económicos que conllevaron.
  • La crisis económica, que influyó retrasando o impidiendo los enlaces matrimoniales.
  • Las multiples epidemias, como la de la peste bubónica que se dio entre 1596 y 1602, en la que se estima que pudieron morir medio millón de personas. Ésta fue la principal causa de la crisis demográfica.


En contraste con lo mencionado anteriormente, existió una oleada inmigratoria procedente de regiones empobrecidas o superpobladas de Europa, principalmente de Francia. Estos inmigrantes europeos se establecieron en mayor número en los territorios de la Corona de Aragón, la cual facilitaba la llegada a estos hombres por la necesidad de mano de obra originada por la expulsión de los moriscos. También se instalaron en gran número en zonas de Madrid y de Andalucía, para realizar los trabajos modestos que los residentes rechazaban. A todo esto hay que sumarle que los salarios en la Península Ibérica eran los más altos de Europa y, por tanto, un fuerte motivo para la atracción de nuevos pobladores.

A esta época pertenecen los arbitristas, grupo de intelectuales que analizaron los diferentes problemas del Estado y plantearon sensatas soluciones de los mismos. Entre los más destacados se podría citar al padre Mariana, a González de Cellorigo y a Sancho de Moncada. Las reflexiones sobre cómo paliar la crisis pertenecen tanto al campo de la economía y la demografía, como al de la sociedad y el Estado. Estos hombres percibieron que los males de la sociedad eran fruto de la inadecuada gestión de los individuos que tenían la potestad para realizarla, de ahí que pensaran que se podían corregir con otro tipo de políticas. Los arbitristas pensaban que el primer factor negativo era la política exterior desarrollada por la monarquía, ya que agotaba los recursos de la población castellana y aragonesa. Asimismo, veían pernicioso el balance de las relaciones económicas no igualitarias con otras potencias europeas, por el cual, se exportaban materias primas y se importaban manufacturas y, además, afirmaban que sería aconsejable prohibir la posibilidad de que otros Estados pudieran comerciar con las Indias. También planteaban otros problemas y sus soluciones, pero nunca cuestionaron los valores de la sociedad jerárquica ni tampoco la autoridad del monarca. En conjunto, sus propuestas fueron poco atendidas, pero crearon un estado de ánimo que llegó hasta los gobernantes del siglo posterior.

La crisis en el mundo rural estuvo causada por varios factores, encadenados los unos a los otros. La caída de la población, supuso la escasez de fuerza de trabajo en el campo y significó la reducción de la demanda de productos agrícolas, lo que a su vez dio lugar a la bajada de los precios y el desinterés de los agricultores. En el apartado del cereal, cabe señalar los grandes contrastes que se sucedían de un año a otro. Uno podía ser abundante, dando lugar a la bajada de los precios, y al siguiente la cosecha podía ser escasa y no satisfacer las necesidades de los labradores, que como no podían guardar grano para venderlo en mejor ocasión, se endeudaban y muchos de ellos se arruinaban, convirtiéndose en jornaleros o yéndose a la ciudad a pedir limosna. Cuando el acreedor era otro labrador, la tierra era añadida a su propiedad, pero si no lo era, ese terreno se quedaba sin cultivar. Así, en Castilla y en Andalucía se inició de esta manera la concentración de la propiedad. Por otro lado, también hay que destacar que el bajo precio del cereal y los altos costes de los jornales, produjeron que muchos propietarios se decidieran por no cultivar la tierra.

En el terreno industrial, la crisis también se hizo patente. Las causas de esta recesión fueron la competencia extranjera y el retraso de las técnicas aquí empleadas. De esta manera, los comerciantes instalados en Sevilla y en Cádiz se nutrían de productos extranjeros, para luego venderlos en el mercado americano que era muy exigente.

A los monarcas que gobernaron durante el siglo XVII se les denomina "Austrias Menores", porque ostentaron el poder en la época en que empezó a declinar el Imperio Hispánico: Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700).