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Los elementos de esta sección (publicados por la Fundación Utopía Verde entre los años 1998 y 2013) están pendientes de revisión actualizadora: más información.

Ilustración

Siglo XVIII.

La Ilustración es el movimiento espiritual más importante de Europa tras la ruptura religiosa protagonizada por Lutero materializada en la Reforma, y que influirá de modo incisivo en el pensamiento del siglo de las luces (siglo XVIII).

Los orígenes se pueden encontrar en el humanismo renacentista y sus antecedentes más inmediatos son el racionalismo del siglo XVII y los avances conseguidos por las ciencias de la naturaleza, la investigación y la técnica.

Este movimiento, además de cultural, afectaba a todos los órdenes de la sociedad. De modo que el ideal de la Ilustración era que la razón dominara a la Naturaleza. Por tanto, se quería que la razón actuara con la vitalidad necesaria para cambiar la realidad.

La visión del mundo de la Ilustración fue retomada por la burguesía, que ya tenía la conciencia de su condición por su ascenso económico. Así, para los ilustrados, una formación racional y una educación humanista proporcionaban el progreso de la sociedad y desarrollaban el cosmopolitismo (idea de una burguesía universal), la concordia entre los hombres, así como la felicidad tanto de los individuos como de la colectividad.

De esta forma, el movimiento ilustrado fue adquiriendo un cariz cada vez más ideológico y, posteriormente, jugaría un papel muy activo en el proceso de la Revolución Francesa.

En un análisis más detallado, la razón promovía el hecho de la crítica, la búsqueda de la libertad espiritual y la tendencia hacia una tolerancia religiosa que comenzaban a desbancar a la tradición.

El racionalismo moderno se introdujo en España durante el reinado de Carlos II (1665-1700). No obstante, fue a partir de la llegada del primer Borbón, Felipe V (1701-1746), cuando estas nuevas corrientes arraigaron con más fuerza en una minoría que recibió el nombre de "ilustrados". Este círculo intelectual propuso una serie de reformas para transformar las instituciones y las costumbres de una sociedad que se desarrollaba progresivamente en diversos campos. Estas reformas perjudicaban a los intereses de los estamentos privilegiados que, a su vez, iniciaron una campaña de desprestigio hacia los reformistas. En esta línea encontramos, por ejemplo, a fray Fernando Cevallos, en cuya obra "La falsa filosofía", se dislumbran las pautas del conservadurismo radical. Del mismo modo, la Inquisición se preocupó de impedir la difusión de la Ilustración y persiguió a los ilustrados.

En este ambiente de interés por lo cultural y lo racional, se fomentaron y crearon nuevas instituciones, como la Biblioteca Nacional (1714), la Academia de la Lengua (1714), de la Medicina (1734), de la Historia (1735), de la Farmacia (1737), de la Jurisprudencia (1742) y de las Nobles Artes de San Fernando (1744).

Asimismo, durante el reinado de Carlos III (1759-1788), se establecieron las Sociedades Económicas (desde 1764), que fueron apoyadas por el Consejo de Castilla.

Como es fácil imaginar, las diferentes Academias, las Sociedades Económicas y publicaciones de distinta índole, sirvieron para divulgar la Ilustración y formaron un frente contra las Universidades, las cuales presentaban una realidad muy anticuada.

Las ciencias estuvieron también fuera del ámbito universitario y fueron impulsadas por los diversos centros de estudio y experimentación que se crearon.